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Pueblo De Dios
Vea como Dios separa a su
pueblo del resto del mundo y lo santifica.
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Los discípulos de la iglesia
primitiva
de Jesús el Cristo trastornaron al mundo;
los miembros de la iglesia del siglo XXI
están siendo trastornados por el mundo |
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Dios
1 INTRODUCCIÓN
Dios, centro y objeto de la fe religiosa, la última realidad o simplemente un
ser sagrado a quien se adora y se dirigen oraciones. En las religiones
monoteístas, el Ser supremo, a quien se considera el único Dios, creador y
origen de todo cuanto existe, y al que se describe en términos de atributos
perfectos, por ejemplo, su infinitud, inmutabilidad, eternidad, bondad,
conocimiento (omnisciencia) y poder (omnipotencia). La mayoría de las religiones
atribuyen a Dios ciertos rasgos de carácter, como la voluntad, el amor, la
cólera y la misericordia, que pueden interpretarse tanto metafórica como
literalmente.
2 CONCEPCIONES DE DIOS
Muchos pensadores religiosos han sostenido que Dios es tan diferente de los
seres mortales que debe ser considerado en esencia como un misterio más allá de
la capacidad de comprensión humana. No obstante, la mayoría de los filósofos y
teólogos han supuesto que es posible un conocimiento limitado de Dios y han
formulado diferentes concepciones de él en términos de atributos divinos y
trayectorias de conocimiento.
2.1 Enfoques filosóficos y religiosos
Las concepciones filosóficas y religiosas de Dios han estado muy diferenciadas.
En el siglo XVII, por ejemplo, el matemático y pensador religioso francés Blaise
Pascal comparó de manera poco propicia el "Dios de los filósofos", una noción
abstracta, con el "Dios de la fe", una realidad viva, experimentada. En general
los místicos, que reclaman la experiencia directa del ser divino, han afirmado
la superioridad de su conocimiento de Dios a las demostraciones racionales de su
existencia y de los atributos propuestos por filósofos y teólogos. Algunos
teólogos han intentado compaginar los enfoques filosóficos y experimentales de
Dios, como en la doble vía del teólogo alemán del siglo XX Paul Tillich, que
habló de Dios como la "causa del ser" y el "interés último". Una cierta tensión
es quizá inevitable, no obstante, entre el modo en que los doctrinarios hablan
de Dios y el modo en que la mayoría de los creyentes piensan de él y lo
experimentan.
2.2 Atributos principales
Dios puede ser concebido como trascendente (por encima del mundo), haciendo
hincapié en su "calidad de otro", su independencia absoluta y su poder sobre el
orden mundial; o como inmanente (habitando en el Universo), resaltando su
presencia y participación dentro del proceso del mundo. Ha sido pensado como
personal, por analogía con los individuos humanos, pero algunos teólogos, por
otra parte, han sostenido que el concepto de personalidad es inadecuada para
Dios y que debe ser concebido como impersonal o suprapersonal. En las grandes
religiones monoteístas, Dios es venerado como lo Uno, la unidad suprema que
abarca o ha creado todas las cosas; pero el politeísmo, la creencia en muchos
dioses, también ha permanecido enriqueciéndose a través de la historia.
Estos contrastes son a veces combinados mediante procedimientos dialécticos.
Así, mientras el teísmo hace hincapié en la trascendencia divina y el panteísmo
identifica a Dios con el orden del mundo, en el panteísmo Dios es entendido
tanto desde una perspectiva trascendente como inmanente. La doctrina cristiana
de la Trinidad y doctrinas similares de otras religiones admiten la unidad y la
diversidad interna de Dios. El cristianismo es una modalidad de monoteísmo en
que la unidad completa de Dios ha sido modificada. También se ha razonado que
Dios tiene aspectos personales e impersonales, o también que sólo él es
auténticamente personal y que en el ámbito de la finitud hay sólo una
aproximación imperfecta al ser personal. Estos intentos, para unir de manera
dialéctica en Dios características opuestas en apariencia, son comunes en
escritores religiosos y místicos, y se proponen hacer justicia a la variedad y
complejidad de la vivencia religiosa. El filósofo alemán del siglo XV Nicolás de
Cusa, por ejemplo, creyendo que Dios sólo puede ser aprehendido a través de la
intuición mística, acentuó la "coincidencia de opuestos" en Dios; el filósofo
danés del siglo XIX Sören Kierkegaard insistía en la naturaleza paradójica de la
fe religiosa. Estas formulaciones sugieren que la lógica del discurso sobre Dios
es diferente por sí misma a la lógica que se aplica a las entidades finitas.
3 JUDAÍSMO, CRISTIANISMO E ISLAM
En el judaísmo, el cristianismo y el islam, las tres religiones enraizadas con
la tradición bíblica, Dios es concebido ante todo en términos de trascendencia,
personalidad y unidad.
3.1 La idea judía de Dios
La idea de trascendencia es introducida en los versos iniciales de las
escrituras hebreas, en las que Dios es presentado como creador y este concepto
imprime todo el discurso judío sobre Él. Decir que el mundo es creado significa
que no es independiente de Dios o una emanación de Dios, pero sí es externo a
Él, un producto de su voluntad, por eso Él es Señor de toda la tierra. Esto
explica la antipatía que los judíos sienten hacia la idolatría (ninguna criatura
puede representar al Creador, por lo que está prohibido hacer ninguna imagen
material suya). Sin embargo, es también parte de la doctrina referida a la
creación que el ser humano fue hecho a imagen de Dios; por ello, la comprensión
hebrea de Dios fue francamente antropomórfica. Él prometía y amenazaba, podía
enojarse y ser asimismo envidioso; pero sus atributos principales eran virtud,
justicia, compasión, verdad y lealtad. Es representado como rey, juez y pastor.
Él establece pactos con su gente y así se autolimita. Como Dios, a pesar de su
condición antropomórfica, es una divinidad viva. Es verdad que el nombre de
Dios, Yahvé, era entendido como "Yo soy el que es", pero no era tomado por los
hebreos de la época bíblica en el sentido abstracto y metafísico en el que se le
consideró más tarde. El Dios hebreo era único y su mandato fue, "¡No tendréis
otros dioses delante de mí!" (aunque en algunos pasajes bíblicos el Espíritu del
Señor y el Ángel del Señor y, en posteriores especulaciones judías, la sabiduría
divina parecen ser seres divinos secundarios).
3.2 Concepción cristiana
El cristianismo emprendió su andadura como una secta judía y así asumió al Dios
de los hebreos, y las Escrituras judías se convirtieron con el tiempo, para los
cristianos, en el Antiguo Testamento. Durante su magisterio, Jesús fue quizá
entendido como un hombre santo de Dios, pero a finales del siglo I los
cristianos le habían ensalzado como pastor divino, y esto creó la tensión con la
tradición monoteísta del judaísmo. La solución del problema fue el desarrollo de
la doctrina de Dios trino o Trinidad que, pese a insinuarse en el Nuevo
Testamento, no fue formulada de un modo completo hasta el siglo IV. El Dios del
Antiguo Testamento se convirtió, para los cristianos, en el Padre, un título que
el mismo Jesús le había aplicado y por el que se proponía hacer hincapié en su
amor y cuidado más que en su poder. Jesús mismo, reconocido como Cristo, fue
entendido como el Hijo encarnado o la Palabra divina (Logos), la manifestación
concreta de Dios en el orden finito. Ambas expresiones, Hijo y Palabra, implican
un ser, que es a la vez distinto del Padre e incluso tan próximo, relacionado
como ser 'de la misma sustancia' (del griego, homoousios) con Él. El Espíritu
Santo —en Occidente se dice que procede del Padre y del Hijo, en Oriente que
procede sólo del Padre (después de la controversia del filioque)— es la
presencia inmanente y la actividad de Dios en la creación, por la que lucha para
conducirla a la perfección. Aunque la teología cristiana habla de las tres
"personas" de la Trinidad, no hay tales personas en el sentido moderno, sino
tres modos de ser del mismo y único Dios.
3.3 Islam
El islam surgió como una poderosa reacción contra las antiguas culturas paganas
de Arabia y, como consecuencia de ello, es la que profesa su monoteísmo con
mayor rigidez entre las tres religiones de raíz bíblica. El nombre de Alá
significa simplemente 'El Dios'. Es personal, trascendente y único, y a los
musulmanes se les prohibe representarlo con cualquier forma viviente. El credo
principal se resume en la proclamación: "No hay dios más que Alá y Mahoma es su
profeta". Alá tiene siete atributos básicos: vida, conocimiento, poder,
voluntad, oído, vista y habla. Las tres últimas no se entienden en un sentido
antropomórfico. Su voluntad es absoluta, y todo lo que ocurre depende de ella,
incluso hasta el punto de que creyentes y no creyentes están predestinados a la
fe o a la falta de fe.
4 RELIGIONES DE ASIA Y OTRAS
A pesar de las diferencias, las concepciones de Dios en el judaísmo, el
cristianismo y el islam tienen un obvio parecido familiar. Las grandes
religiones de Asia, sin embargo, pertenecen a un esfera muy distinta. Incluso el
uso de la palabra Dios en un contexto religioso asiático puede ser engañoso,
porque por regla general lleva la connotación de personalidad. Una expresión más
amplia que englobaría tanto la idea de un Dios personal y la idea de un absoluto
impersonal o suprapersonal es el Ser Sagrado.
4.1 Hinduismo
En el hinduismo, el Ser Sagrado puede ser comprendido de diferentes maneras.
Desde una perspectiva filosófica, es entendido como Brahman, la realidad única
eterna, absoluta, que abarca todo lo que es, de modo que el mundo que cambia es
sólo la apariencia exterior (maya). En la religión popular se reconocen muchos
dioses, pero entendidos con propiedad, son manifestaciones de Brahman, y cada
uno de ellos tiene su propia función. Los tres dioses principales, Brahma, Visnú
y Siva (encargados de la creación, la preservación y la destrucción), están
unidos como el Trimurti, o los tres poderes. Hablando en sentido estricto, el
dios creador no crea en el sentido judeocristiano, porque el mundo es eterno y
él es tan sólo el dios que ha estado desde la génesis de los Tiempos. En el
hinduismo Bhakti, el camino de la devoción personal, el dios Isvara se concibe
como personal y no es diferente al dios judeocristiano.
4.2 Budismo y religión china
Se dice a veces que el budismo Theravada es ateo, pero no es así. Los dioses son
reales, pero no son lo fundamental. La realidad última o Ser Sagrado, constituye
el orden cósmico impersonal. Una idea semejante se encuentra en la religión
griega antigua, en la que el destino cósmico parece haber sido superior incluso
a los grandes dioses. En el budismo Mahayana de China y Japón, Buda mismo fue
transformado en un ser divino, aunque la vinculación con el Buda histórico se
volvió muy tenue o incluso desapareció, de ahí que las figuras de Buda en el
Lejano Oriente sean consideradas seres cósmicos.
En las religiones chinas indígenas, el politeísmo puro de las culturas populares
fue modificado por el contacto con las tradiciones filosóficas desarrolladas por
la minoría erudita. En estas filosofías el Ser Sagrado último también parece
haber sido concebido como una categoría impersonal. En el taoísmo, es el ritmo
del Universo; en el confucianismo es la ley moral del cielo.
4.3 Politeísmo y animismo
En el politeísmo, hay muchos seres sagrados, cada uno de los cuales manifiesta
algún atributo divino particular o cuida de algún aspecto concreto de la
naturaleza o de las cuestiones humanas. El politeísmo fue la forma más común de
religión en el mundo antiguo y estuvo muy desarrollada en Egipto, Mesopotamia,
Grecia y Roma, entre otras civilizaciones. Tiende, sin embargo, a evolucionar en
una forma de religión que muestra una concepción unitaria de la divinidad (como
demostró el hinduismo), bien por ejercer la crítica filosófica o porque una de
las deidades en el panteón politeísta adquiera una superioridad contundente. Se
solían concebir los dioses de un panteón con algún lazo familiar, lo que
aseguraba desde el principio un sentido de su unidad. El politeísmo se
desarrolló casi con regularidad a partir de una forma más tradicional de
religión (todavía practicada en muchas partes del mundo) llamada animismo, la
creencia en una multitud de fuerzas espirituales, localizadas y limitadas en su
poder, algunas amistosas y otras hostiles. En el animismo el sentido de Ser
Sagrado se difunde por todo el Universo.
4.4 Sumario de tipos principales
Una serie de tipos, cada uno transformándose en los otros, puede ser extraído de
este estudio. En el monoteísmo del judaísmo y del islam, el Ser Sagrado se
concibe en su aspecto más trascendente y personal. En el trinitarianismo
cristiano, se hace un intento para sintetizar la trascendencia y la inmanencia.
En las religiones de Asia que se han tratado, se resalta la inmanencia y
naturaleza impersonal del Ser Sagrado (aunque algunas formas de hinduismo y
budismo no excluyen aspectos personales de la condición divina).
5 FUNDAMENTOS PARA LA CREENCIA EN DIOS
Aunque las concepciones de Dios han variado de modo considerable, en dependencia
del periodo histórico, cultura y grupo de que se trate, una misma fe en un Ser
Sagrado ha sido predominante en algún sentido en casi todas las sociedades a
través de la historia. Sin embargo, esta creencia ha sido puesta en duda desde
los tiempos antiguos por doctrinas como el escepticismo, el materialismo, el
ateísmo y otras formas de descreimiento, y la proporción de no creyentes es más
alta en las sociedades modernas que en la mayoría de las sociedades del pasado.
5.1 Variedades de incredulidad
Los argumentos en contra de la creencia en Dios son tan numerosos como los que
existen a su favor. El ateísmo niega de modo absoluto la existencia de Dios.
Algunos, por ejemplo, creen que el universo material constituye la realidad
última; otros argumentan que el predominio del sufrimiento y del mal en el mundo
imposibilita la existencia de un ser sagrado. Los agnósticos creen que la
evidencia a favor y en contra de la existencia de Dios es cuestionable; por lo
tanto suspenden el juicio en beneficio de la duda. Los positivistas creen que la
investigación racional se halla restringida a las cuestiones del hecho empírico
o demostrable por vías positivas y científicas, por lo que no tiene sentido ni
afirmar ni negar la existencia de Dios.
5.2 La naturaleza de la creencia en Dios
Si Dios es el fundamento u origen del ser y no simplemente otro ser, aun el ser
supremo o más elevado que concebirse pueda, entonces no existe en el sentido en
que se encuentran las cosas en el mundo. Puede ser incluso engañoso decir, "Dios
existe", aunque es el modo tradicional de hablar. Creer en Dios es tener fe en
el fundamento último del ser, o confiar en la racionalidad última y la virtud de
la disposición completa de las cosas. Este modo de expresar el tema deja en el
aire las cuestiones de la trascendencia e inmanencia, ser personal e impersonal,
entre otras. El fundamento principal para creer en Dios debe encontrarse en la
experiencia, y en concreto en la experiencia religiosa. Hay muchas experiencias
en las que la gente ha sido consciente del Ser Sagrado que afecta a sus vidas
—experiencias místicas, conversión, una sensación de presencia, a veces visiones
o locuciones— y que pueden sentirse con la fuerza de una revelación. Junto a
experiencias religiosas en sí mismas hay otras en las que la gente llega a ser
consciente de una profundidad o una finalidad que ellos llaman Dios
(experiencias morales, relaciones interpersonales, sensación de belleza, la
búsqueda de la verdad, la conciencia de finitud, incluso la confrontación con el
sufrimiento y la muerte). A veces se producen las llamadas situaciones límite
(término utilizado en el siglo XX por el filósofo alemán Karl Jaspers), porque
aquéllos que sufren tales experiencias parecen chocar contra los límites de su
propia existencia. Al hacer esto, sin embargo, llegan a ser conscientes de un
ser que trasciende su propio ser, con el que todavía sienten tanto diferencia
como afinidad. Llegan a ser conscientes de lo que en el siglo XX el teólogo
protestante Rudolf Otto denominó, en una clásica descripción, mysterium
tremendum et fascinans, el misterio que produce a la vez temor y fascinación.
5.3 Argumentos formales para la existencia de Dios
Para un incalculable número de personas estas experiencias del Ser Sagrado son
auto-autentificadas, y sienten que no necesitan indagar más. Toda experiencia
humana, sin embargo, es falible. Errores de percepción son experiencias
cotidianas, y concepciones falsas del mundo natural, la Tierra, los cuerpos
celestes y otras análogas han prevalecido durante miles de años. Es por lo tanto
posible que la experiencia del Ser Sagrado sea ilusoria, y esta posibilidad ha
llevado a algunos creyentes a buscar una base racional para sostener su fe en
Dios con la confirmación de la propia experiencia. Numerosos intentos se han
llevado a cabo para probar la realidad de Dios. El teólogo escolástico medieval
san Anselmo afirmó que la misma idea de un ser de quien nada más perfecto puede
ser concebido supone su existencia, pues la existencia es en sí misma un aspecto
de la perfección. Muchos filósofos han negado la validez lógica de la transición
de la idea a la existencia real, pero todavía se discute este razonamiento
ontológico. El teólogo del siglo XIII santo Tomás de Aquino rechazó el
razonamiento ontológico, pero propuso otras cinco pruebas de la existencia de
Dios que todavía son aceptadas de forma oficial por la Iglesia católica
apostólica romana: 1) la realidad del cambio requiere un agente del cambio; 2)
la cadena de la causalidad necesita fundarse en una causa primera que no es
causada; 3) los hechos contingentes del mundo (hechos que pueden no haber sido
como son) presuponen un ser necesario; 4) se puede observar una gradación de las
cosas desde lo más alto a lo más bajo, y esto apunta hacia una realidad perfecta
en el punto más alto de la jerarquía; 5) el orden y el diseño de la naturaleza
demandan como fuente un ser que posea la más alta sabiduría. El filósofo alemán
del siglo XVIII Immanuel Kant rechazó y refutó los razonamientos de Tomás de
Aquino, pero sostuvo la necesidad de la existencia de Dios como el soporte o
garante de la vida moral. Estas razones para afirmar la realidad de Dios han
sido sometidas todas a repetidas críticas y siguen siendo replanteadas para
recibir nuevas apreciaciones. Hoy día está aceptado de un modo general que
ninguna de ellas constituye una prueba, pero muchos creyentes dirán que los
razonamientos acumulan una fuerza que, aunque tiene poco de prueba, supone una
fuerte probabilidad, sobre todo en conjunción con la evidencia de la experiencia
religiosa. En último extremo, la creencia en Dios es, como muchas otras
creencias importantes, un acto de fe, una fe que tiene que estar enraizada en la
experiencia personal.
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