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Los discípulos de la iglesia primitiva
de Jesús el Cristo trastornaron al mundo;
los miembros de la iglesia del siglo XXI
están siendo trastornados por el mundo
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Los Ministerios de la Iglesia de Jesucristo
1. Apóstoles, 2. Profetas, 3. Evangelistas, 4. Pastores; y
5. Maestros
Para la sorpresa de muchos que no estan familiarizados con el evangelio, todos
los creyentes somos "sacerdotes santos y reales de Dios", (1 Ped 2:5,9;
1 Ped 2:9;
Ap 1:6), Pero
hay mucha confusión entre nosotros respecto a los ministerios de la Iglesia de
Jesucristo, especialmente entre el ministerio de los apóstoles y profetas.
Muchas veces, en lugar de cinco ministerios, parece que creemos en solo dos
ministerios; pastores y evangelistas. Los pastores son aquellos que enseñan la
doctrina en un lugar específico, y los evangelistas son aquellos que viajan de
un lugar a otro predicando el evangelio.
Cada obra de los cinco ministerios tiene un enfoque, un propósito y una unción
específica. Cada una contiene una parte del ministerio y la unción de Cristo.
Cada una provee algo que el Cuerpo de Cristo necesita para alcanzar la voluntad
de Dios aquí sobre la tierra.
La Iglesia ha perdido los ministerios del profeta y del apóstol. Además, hemos
perdido parte de la bendición de Dios por la Iglesia. Sin embargo, Dios está
obrando hoy para restaurar estas partes esenciales del ministerio.
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Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a
otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del
ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos
lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la
condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de
Cristo; (Efe 4:11-13 )
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Pablo no estableció nada nuevo aquí. Todas las obras de los cinco ministerios
existieron en el Antiguo Testamento. Obviamente existieron profetas porque el
Antiguo Testamento contiene numerosos libros escritos por ellos. Vemos también
el pastor, personificado (incluido) en el sacerdocio aerónico. Pero, además hubo
apóstoles, maestros y evangelistas.
Pastor
El pastor es el cuidador principal de los corderos de Dios. El Señor fue muy
específico en su elección de títulos aquí, usando un imagen que fue común en
aquella época, y claramente retrató la obra de un pastor espiritual siendo igual
que un pastor de corderos.
El pastor tiene tres funciones básicas. Ellas son:
1. Proteger los corderos
2. Asegurar que los corderos están bien alimentado
3. Llevar los corderos donde deben ir
Aunque la mayoría de la gente considera que el aspecto de alimentación debe ser
la parte mayor de la obra de un pastor, esto no es verdad. Realmente, no hay
nada en las Escrituras que dice que un pastor es responsable de alimentar
personalmente a sus corderos. El puede, pero de todos modos no tiene que hacerlo
por si mismo. En cambio, él si es responsable de asegurarse que los corderos
tengan acceso a una buena comida espiritual, y esto no es lo mismo que
alimentarles espiritualmente el mismo.
Un pastor puede asegurar que los corderos sean bien alimentados al traer
personas que tienen comida espiritual para sus corderos a fin de alimentarles lo
mejor posible. El pastor necesita ayuda de una combinación de todos los otros
miembros de los cinco ministerios de la Iglesia. Cada uno tiene un sabor
diferente de comida con diferentes nutrientes.
El pastor puede aumentar esta alimentación con buenos libros cristianos que él
ha leído, y recomendar y proveer a su congregación literatura adicional. Además,
es posible que él recomiende a sus corderos ir a escuchar a un ministro que está
en otra iglesia.
La parte principal de la obra del pastor es el liderazgo por su propio ejemplo.
Esto es más importante que ninguna otra cosa. Hay un dicho en la Iglesia que va
así, "como va un pastor, también va su congregación." La cantidad de verdad en
esta frase es increíble. Miren a su propia congregación, es el reflejo de la
mediocridad o del amor sincero reflejado por su pastor. Si un pastor es fuerte
en un área, su iglesia estará fuerte en aquella misma área. Pero, si él tiene
una área de debilidad o pecado, también su congregación la tendrá.
Estas debilidades son parte de por que es tan importante que un pastor lleve a
otros ministros a alimentar a sus corderos. El buen pastor debe suplir con otros
pastores lo que a el le falta o tiene muy escaso. Todos tenemos debilidades, y
nosotros debemos trabajar con diligencia para superarlas. Pero, aun más
importante que esto, no queremos pasar nuestras debilidades a otros. El buen
pastor debe cuidar el corazón de cada cordero. Al traer otros pastores para
ministrar, otros quienes son ungidos en áreas en las cuales el pastor no es
ungido, él ayuda a sus corderos a crecer en áreas en las cuales él no puede
capacitarles personalmente.
De todas las responsabilidades del pastor, el proteger el corazón de los
corderos es la mayor parte y también la parte la más difícil de su obra. Cuando
el Rey David fue niño, tenía la responsabilidad de vigilar y proteger los
corderos de su padre. Como parte de aquel trabajo, mató a ambos: a un león y a
un oso (1 Sam 17:34-37).
Aunque no encontramos a muchos leones y osos en nuestras iglesias que entran
para comerse a los miembros de nuestras congregaciones, sí encontramos en muchos
falsos pastores el equivalente espiritual.
Ambos Jesús y Pablo nos advirtieron respecto a los "lobos" que iban a venir a
las iglesias (Mat 7:15;
10:16; Luc 10:3;
Hec 20:29). Estos "lobos" son pastores
y profetas falsos, y otros ministros falsos que vienen a las Iglesias, o que
construyen iglesias, no para ayudar sino con el fin de sacar ventaja y robar a
los corderos. Ellos se interesan en recibir la gloria para ellos mismo, en vez
de darla a Dios Padre.
No piensen que todos los lobos son ministros que vienen a las Iglesias. Muchas
iglesias tienen lobos dentro de ellas; a menudo ellos son escondidos dentro de
su propio liderazgo. Los brujos, curanderos y satanistas hacen un fuerte
esfuerzo planeado para infiltrarse en la Iglesia. Ellos conocen todas las
palabras adecuadas, saben que decir, conocen la Biblia, y conocen como actúan
los creyente. Pero, su fidelidad y obediencia es a Satanás, no a Jesús ni a Dios
Padre.
Pedro nos advirtió que "Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león
rugiente, buscando a quien devorar" (1 Ped 5:8). No se refiere al adversario
como un perrito doméstico sino un animal salvaje y sin escrúpulos de ninguna
clase. Tampoco dice exactamente que es un león, sino que a él le encanta
pretender ser un león. Este individuo endemoniado esta siempre al asecho,
buscando insaciablemente corderos pobres, humildes o confiados a quienes el
pueda robarles, o corderos de quienes el puede aprovecharse fácilmente, ya sea
de sus profesiones o talentos, para su propio beneficio.
¿Cómo puede un pastor proteger el rebaño de aquellos lobos y leones? Por
discernimiento y oración. Es sorprendente lo insensatos que pueden ser los
corderos al no reconocer los peligros que le asechan, no solamente al comer
comida mala, (mala doctrina), y beber agua mala, sino también del abuso
constante, sea espiritual, emocional o económico, por parte de estos maléficos
pastores.
No es una sorpresa que el Señor usó los corderos como una analogía para los
miembros del Cuerpo de Cristo; si un pastor no cuida bien a sus corderos, la
congregación sería de la misma casta que su pastor. (La iglesia de satanas.)
Debido a la mayor experiencia y unción de un pastor, él es a menudo mejor en
discernir a los lobos y leones que pueden tratar de atacar a los corderos bajo
su cuidado. Por consiguiente, él puede advertir a los corderos y llevarles en un
mejor recorrido. El problema es mas grave cuando el pastor es el lobo. Entonces
los corderos no tienen a quien recurrir y sobreviene la muerte espiritual de
toda la congregación.
Pero la mayor parte de la protección de un pastor por los corderos es en
oración. Es allí, que él pastor puede más eficazmente batallar en contra de
aquellos que querían tratar de devorar y destruir a sus corderos.
Un verdadero pastor estará siempre en oración por su congregación. No sólo por
sus peticiones individuales, sino por la voluntad de Dios y su protección sobre
sus vidas.
Evangelista
La obra del evangelista es doble; evangelizar y motivar. Aunque todos en el
Cuerpo de Cristo tienen una responsabilidad de ayudar a cumplir la grande
comisión, el evangelista es llamado, capacitado y ungido específicamente en esta
área.
Esto no necesariamente significa predicar campañas evangelísticas, sin embargo.
Las estadísticas muestran que el evangelismo más eficaz no consiste de las
campañas; consiste de ministerio cara a cara. Aunque algunos evangelistas
predican, no todos predican. De hecho, la mayoría de los evangelistas no son
llamados predicar del púlpito, sino de uno en uno.
La otra parte del ministerio de un evangelista es animar y motivar la gente a
fin de que ellos sirvan a Dios. Sus mensajes serán muy emocionales y animados
pero no estarán llenos de verdades espirituales profundas.
Si un creyente solamente recibe el mensaje de un evangelista, sus espíritus
morirán no solo de hambre sino de inanición. En lugar de vivir sobre la verdad
de la Palabra de Dios, ellos estarán tratando de vivir de un evento a otro. Cada
culto les excita, los motiva, pero debido a una falta de verdades fundamentales,
ellos no podrán continuar en caminar la vida cristiana día por día de una manera
exitosa. Sus vidas serán infructuosas y ellos estarán continuamente en crisis.
Sin embargo, sin la obra de un evangelista, muchos, si no la mayoría de la gente
nunca llegarán a conocer al Señor. Aquellos que reciben a Cristo, sin el
ministerio del evangelista, serán secos y a lo mejor quizá llenos de
conocimiento, pero no serán motivados a hacer algo con aquel conocimiento.
Estuve en un servicio unido durante la Semana Santa. Siete evangelistas iban a
predicar sobre los siete comandos de Jesús, desafortunadamente, uno no pudo
venir y otro tuvo que tomar su lugar. Aquel pastor no tuvo tiempo de preparar su
sermón así que no tuvo mucho que decir. De los otro seis, tres se habían
preparado muy bien y tenían algo que decir, y lo dijeron. Sus mensajes fueron
llenos de revelación y entendimiento espiritual para alimentar a los creyentes
congregados. Los otros tres saltaron, gritaron, corrieron y por otra parte
exhibieron gran emoción. Pero, verdaderamente no dijeron nada. La gente gozó sus
"mensajitos" y se emocionó, pero sus espíritus no fueron alimentados. Aquellos
tres hombres también fueron evangelistas.
Maestro
Algunas personas dicen que no existe la obra de maestro, y dice que el verso
realmente habla respecto al pastor siendo también un maestro. Estoy de acuerdo
de que todos los pastores deben enseñar. Pero, cada maestro no está llamado a
ser un pastor.
El maestro verdaderamente es aquél que debe dar la mayoría de la alimentación a
los corderos. Aunque, como yo dije, cada pastor debe enseñar. Por lo tanto el
pastor, en su papel como maestro, puede parcialmente cumplir este papel de
alimentar a los corderos.
El papel de maestro es estudiar y enseñar. Unos maestros tienen una unción de
enseñar a los adultos, otros a los jóvenes, y aun otros a los niños. Unos
maestros tienen una unción de enseñar únicamente unos asuntos particulares, o
unas áreas específicas.
Es importante buscar para descubrir la unción específica que tiene un maestro y
usarle en aquella área para la cual cada uno es ungido. Insistir en que un
maestro que es ungido para enseñar a los adultos sobre el Espíritu Santo, de en
cambio, enseñanza a los niños, absolutamente no funciona. El maestro terminará
hablando arriba del nivel de los niños. De igual manera, un maestro que es
ungido para enseñar a los niños no debe enseñar de la misma manera para atraer a
los jóvenes.
Estos tres dones ministeriales, cuando obran juntos, bajo la adecuada autoridad,
bendecirán a la congregación y la ayudarán de madurar.
Pero ¿Cuál es la autoridad adecuada?
Hoy en la Iglesia, tenemos un pastor o pastor principal, como la cabeza
gubernamental que está encargado de una congregación particular. Aun cuando no
estoy en contra de esto, siento que necesitamos definir unos términos bíblicos.
En el Nuevo Testamento, vemos en muchos lugares que se menciona el puesto de
"obispo" (Fil 1:1;
1 Tim 3:1-2;
Tit 1:7). Aunque la Iglesia hoy considera que el
puesto de un obispo es estar sobre una ciudad, o grupo de iglesias, el
entendimiento original de la palabra es lo que nosotros consideraríamos ser el
pastor principal de una iglesia.
Mientras que la Iglesia creció y formalizó su estructura, ella cambió de
iglesias en hogares particulares a iglesias en edificios. Originalmente, el
anciano que fue llamado obispo presidió sobre el grupo de iglesias en hogares.
Sin embargo, menos de 100 años después de la muerte de Jesús, el título obispo
llegó a ser usado más comúnmente por el anciano que preside sobre una ciudad.
Así, el título bíblicamente correcto de un pastor que está encargado de una
iglesia es "obispo." Yo lo menciono porque una iglesia puede y debe tener más
que un pastor. El pastor principal de ellos es el obispo. Los otros pastores,
evangelistas y maestros obran bajo la cobertura y autoridad espiritual de aquel
obispo.
Quizás los pastores viajarán de aquella iglesia para ministrar otras
congregaciones, pero ellos siempre deben mantenerse sometidos a la autoridad de
aquel obispo. Aun aquellos cuyo ministerio les exige viajar extensivamente
necesitan estar bajo la autoridad de un pastor principal, o obispo.
Un tercero término que necesita clarificación es "anciano" (1 Tim 5:17;
Tit 1:5;
1 Ped 5:1;
San 5:14). Esto ha llegado a ser un puesto gubernamental separado
dentro de la Iglesia de hoy, pero en la Iglesia del Nuevo Testamento, se refirió
a cualquier persona que tuviera un puesto ministerial. Ambos Pedro y Juan se
refirieron a si mismos como ancianos (1 Ped 5:1;
2 Jua 1:1; 3 Jua 1:1). Pablo, escribió a Tito, uno de sus hijos espirituales, y le recordó de su encargo de
nombrar y ordenar ancianos (Tit 1:5). Nosotros vemos también muchos lugares en
el libro de Hechos donde los miembros del concilio gobernante de los judíos
fueron referidos como "ancianos."
Ahora que hemos tratado con el gobierno de la iglesia local, y aquellas obras de
los cinco ministerios, podemos seguir con el ministerio del profeta y del
apóstol.
Profeta
A través de la historia, el profeta siempre ha sido el mensajero o voz de Dios.
El ha usado sus profetas para comunicar sus advertencias y planes; especialmente
cuando su pueblo no escucha su voz. La mayoría de aquellos mensajes parecieron
ser negativos al creyente promedio, y especialmente al inconverso.
Sin embargo la idea que tenemos hoy de los profetas no es igual. Cuando nosotros
hablamos de profetas en la Iglesia, tendemos a pensar que el mensaje y el
propósito del profeta han cambiado en el sentido de que se ha dado al profeta
las palabras dulces para edificar. Dios no ha cambiado, solo nuestro
entendimiento ha cambiado. Este entendimiento ha venido de un mal entendimiento
de la 1 de Corintios, capítulo 14, verso 3;
Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y
consolación. (1 Cor 14:3 )
Si miramos más detenidamente a la definición de las tres palabras subrayadas,
vemos que no son palabras bonitas, dulces e inspiradoras sino palabras fuertes.
Edificación.- el hecho de alguien que promueve el crecimiento de otro en la
sabiduría, piedad, santidad, y gozo cristiano.
Exhortación.- un llamado de acercar, convocar, implorar, suplicar, pedir;
palabras de súplica que contienen ruegos; amonestación, ánimo, discurso
persuasivo; plática poderosa para instruir, reprender, consolar
Consolación.- cualquier discurso hecho con el propósito de persuadir, despertar
o de calmar y consolar
Leamos estas definiciones cuidadosamente. Ellas son muy iluminantes. Si se nos
pasan por alto, no recibiremos el impacto de sus significados.
No se puede promover el crecimiento (edificación) de otra persona diciéndole que
esta bien y que Dios está contento con él, tal como sea. Tampoco se puede llamar
a alguien al ministerio diciéndole que ya está bastante íntimo con Dios. Ni
tampoco es muy persuasivo decir "tú estás bien."
Como yo dije, estos son palabras fuertes, y el mensaje de un verdadero profeta
es un mensaje fuerte. Por esta razón, un profeta no es fácilmente aceptado en
muchos lugares. Es mas, algunos son odiados. La persona promedio no se interesa
en una palabra fuerte de corrección para reprender y guiarle. Ellos quieren
palabras de afirmación, palabras que lo hacen parecer no solamente que Dios se
agrada con él, sino que Dios esta muy agradecido por lo poco que él hace por El.
Hay otra área de confusión respecto a la profecía en el Cuerpo de Cristo hoy
día. La diferencia entre una profecía y una declaración. Los creyentes dicen
algo como, "Yo profetizo a los potestados de esta ciudad, ¡salgan de la gente!"
De hecho, no están profetizando, sino están haciendo una declaración contra los
espíritus de las tinieblas. No hay nada de malo en esto, pero es equivocado
llamarlo profecía. Solamente es profecía cuando declaramos lo que el Espíritu
Santo nos ha mandado hablar.
La mayoría de los profetas realmente no escuchan muchas palabras. En vez de
esto, ellos ven visiones. Por esta razón, la Biblia también les llama
"videntes." Ellos ven cosas venideras en la esfera espiritual como el Espíritu
Santo les da, y describen lo que están viendo. Esto es obvio si alguien pasa
tiempo al estudiar los libros proféticos en la Biblia. O si se lee el libro de
Apocalipsis (el único libro profético en el Nuevo Testamento).
El Espíritu Santo mostró a Juan aquellas cosas que iban a venir. Repetidamente,
a través del libro, Juan usó las palabras, "Yo vi." El trató de describir en
palabras aquellas cosas que vio en la visión.
Todos los verdaderos profetas son también intercesores. Para mí, esto es la
prueba de si alguien es un profeta o no. Mucha gente quiere el "glamour" de
llevar una palabra de profecía para parecer más espiritual. Pero, no mucha gente
quiere pasar el tiempo necesario en adquirir una relación íntima con el Señor a
fin de tener una verdadera palabra de Dios.
Una de los más grandes errores que hacen los profetas jóvenes es asumir que cada
palabra que el Señor les da necesita ser dado a la persona a la cual concierne.
Esto no es verdad. La parte más difícil de la capacitación de un profeta es
aprender el discernimiento respecto a cuando dar una Palabra. La mayoría de las
palabras que un profeta recibe no son para que las declaren en voz alta, sino
para que él ore respecto a ellas. Posiblemente, después de orar, el Señor le
permita dar aquella palabra, pero frecuentemente nunca va más adelante que las
orejas del profeta y el Señor.
Los profetas son personas que pasan mucho tiempo con el Señor en oración y la
adoración. Es imposible traer un mensaje de Dios sin que verdaderamente el
escuche su voz. Y es imposible escuchar su voz sin cerrarse de las distracciones
del mundo, y enfocarse en El.
Desgraciadamente, aunque hay verdaderos profetas en la Iglesia hoy, el Cuerpo de
Cristo ha sido bombardeado con muchos profetas falsos, o simplemente con
profetas inestables. Algunos de estos son mujeres con maridos inconversos, que
verdaderamente quieren ser espirituales, y quieren ser usadas por Dios.
Numerosas mujeres tienen un verdadero llamado a ser profeta. Sin embargo, porque
ellas no están adecuadamente sometidas bajo la autoridad (porque sus maridos no
son creyentes) ellas son presas fáciles del enemigo, y frecuentemente oirán
palabras falsas tan fácilmente como oyen palabras verdaderas.
Otro error de la falsa profecía es que en el Cuerpo de Cristo, hoy día la gente
dice cosas que surgen de sus mentes, y lo llaman profecía. Realmente, ellos
hacen "brujería cristiana" (por definición, la brujería es usar medios
sobrenaturales para controlar o manipular a otra persona o personas). Esto puede
ocurrir porque ellos creen que una persona, usualmente un pastor, necesita hacer
algo que no está haciendo o lo esta haciendo mal. O porque la iglesia no les
escucha, entonces ellos sienten que añadir "así dice el Señor" a sus palabras,
provocaran que la congregación les pongan atención.
Nosotros debemos ser cuidadosos respecto a emplear mal el nombre del Señor,
especialmente para manipular o controlar a otros. Aquellos que lo emplean mal,
deberán rendir cuentas al Señor por sus acciones, y yo ciertamente no querría
estar en sus zapatos.
Un verdadero profeta es muy prudente y cuidadoso respecto a las palabras que
usa. Ellos entienden la seriedad del ministerio que tienen, y la responsabilidad
solemne de declarar algo del Señor. Nunca traen una palabra del Señor
impertinentemente.
Por aquellas razones, es más fácil profetizar a gente que uno no conoce, que
profetizar a tu propia congregación, familia o amigos. Cuando un profeta conoce
a la persona, típicamente no sabe seguramente si la palabra sea del Señor, o de
sí mismo, y frecuentemente no la dan. Sin embargo, cuando el Espíritu Santo les
revela algo sobre alguien que no conocen, es más fácil estar seguro que esto sea
la palabra del Señor.
Los profetas a menudo son dramáticos en su presentación, y usan varias cosas o
acciones parar demostrar su mensaje. Antes del viaje de Pablo a Jerusalén,
cuando fue arrestado, un profeta nombrado Agabo vino a él, tomó el cinto de
Pablo y ató sus propias manos con ello. Entonces, él profetizo que el dueño del
cinto sería atado de la misma manera por los judíos en Jerusalén (Hec 21:10-11).
Según el espectador casual, esto parecería ser dramáticamente exagerado, pero el
profeta obviamente ha oído del Espíritu Santo, porque aquella palabra que dio
sucedió así mismo.
A pesar de ser dramáticos, el profeta no trataba de atraer la atención a sí
mismo, si no al mensaje que da. Los verdaderos profetas son personas muy
humildes. Ellos no van buscando un puesto o título. Solamente buscan la verdad y
la presencia del Señor. Una señal de un profeta falso (o, uno que está
desencaminado) es que trata de atraer la atención a sí mismo.
La mayoría de los profetas se sienten muy incómodos respecto a pertenecer a una
congregación. Ellos sienten que no caben bien con nadie, y la verdad es que si
son diferentes. Ellos son extremadamente serios respecto a Dios, su Palabra y su
relación con El. Para ellos, el creyente promedio les parece ser muy mundano y
falto de respeto como para tener una verdadera relación íntima con Dios.
Sin embargo, esto no significa que los profetas no deben ser miembros de una
congregación. Ellos también necesitan del compañerismo, enseñanza, aliento,
contabilidad y cobertura espiritual que otro creyente necesita. Si un profeta se
aleja del Cuerpo de Cristo, o trata de ser un "ermitaño solitario", sin ser
sometido a la autoridad de otro, está poniéndose en la posición de ser
fácilmente descaminado por el enemigo.
Una profecía siempre consiste de dos partes. La primera parte es lo que el
profeta o la persona que se mueve en el don de la profecía recibe del Espíritu
Santo. La segunda parte es la interpretación. Es importante que nosotros
distingamos bien entre las dos, porque si no, podríamos terminar en entender mal
los planes y propósitos de Dios.
La profecía raramente es errónea. Cualquier profeta puede recibir el mensaje de
Dios correctamente; tan precisamente como está recibiéndola del Espíritu Santo y
no de su propia mente. Esta parte puede ser una visión, palabra, frase, discurso
largo, verso bíblico, parábola, o simplemente una impresión en su espíritu.
Cuando el profeta da la profecía, esto es solo la primera parte.
La parte la más difícil es la interpretación de la profecía. Aquí es donde se
puede rápidamente entrar en un error. La interpretación es el entendimiento del
significado de la profecía. Puede haber más de una interpretación a cualquier
profecía, y el profeta necesita ser sumamente cuidadoso en lo que dice.
La profecía puede ser por un individuo, congregación, ciudad, región, nación, o
el mundo. Frecuentemente, Dios mismo aumentará la influencia de un profeta, más
allá de su propia iglesia o área. Es muy importante que el profeta adecuadamente
discierna para quien es el mensaje.
La profecía personal siempre debería confirmar, y nunca dirigir. Si un profeta
da una palabra de profecía a alguien, y la persona nunca ha escuchado el Señor
hablarle respecto a aquel asunto, no sabrá actuar sobre este asunto. En cambio,
debe ponerla "al lado" y esperar hasta que el Señor le hable del mismo asunto.
Los profetas pueden ser un gran recurso a un pastor (o obispo). Un profeta y un
pastor que forman una buena relación de obrar juntos pueden confiar y contar con
las fuerzas del otro. Cuando el pastor necesita confirmación sobre algo que el
Señor le está diciendo, él puede recibir esto por el profeta. Cuando el profeta
está viendo o escuchando algo del Señor que necesita ser declarado en la
iglesia, él puede comunicarlo al pastor, y permitir que el pastor lleve a cabo
el cambio necesario.
Desafortunadamente, es muy raro que los pastores y profetas formen este tipo de
buena relación ministerial. La mayoría de los profetas en la Iglesia tratan de
mandar al pastor que hacer, y se ponen disgustados cuando él no lo hace así.
La mayor parte de los pastores son sospechosos de los profetas, se sienten
invadidos porque los corderos gravitan a ellos cuando quieren una palabra
personal de profecía.
Aunque una iglesia siempre tendrá pastores, evangelistas y pastores, no siempre
tendrá profetas debido a la naturaleza de su ministerio. Los profetas
posiblemente pueden obrar con varios diferentes ministros dentro de una área
específica.
Apóstoles
El ministerio apostólico es realmente el primero que nuestro Señor, Jesús
estableció en la Iglesia del Nuevo Testamento.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y escogió doce de ellos, a los
que también dio el nombre de apóstoles (Luc 6:13)
¿Por qué estableció Jesús el ministerio apostólico primero? Porque iba a ser la
fundación del gobierno de la Iglesia en el Nuevo Testamento, parecido como el
sacerdocio fue la fundación del ministerio en el Antiguo Testamento. Pues, sin
tener los apóstoles en el ministerio, los dones ministeriales son literalmente
sin la fundación necesaria.
Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús
mismo la piedra angular ( Efe 2:20 )
La palabra apóstol es una palabra griega, y literalmente significa, "alguien que
está enviado." Si yo digo a mi hijo: echa la basura, él es un apóstol de la
basura. En el contexto cristiano, esto quiere decir que un apóstol es alguien
que está comisionado por el Señor, y está enviado a fin de alcanzar un propósito
específico.
Aunque ellos no fueron llamados por el nombre de apóstoles (porque aquel término
siendo griego no existió hasta el Nuevo Testamento), hallamos apóstoles en el
Antiguo Testamento también. Los mayores ejemplos de estos son Moisés y Nehemías.
En estos dos casos, ellos fueron comisionados por Dios, y enviados para cumplir
un propósito específico para su reino.
El más común entendimiento del ministerio apostólico es que ellos son pioneros
que hacen el trabajo misionero de plantar iglesias en nuevas áreas del mundo.
Esto está basado en el ministerio de Pablo, como se muestra en el libro de
Hechos. Mientras que esto es parte del ministerio apostólico, no es todo, hay
más. Esta definición ignora totalmente las obras de los otros apóstoles. Ni
tampoco es todo lo que hizo Pablo.
Realmente, los verdaderos misioneros deben ser apóstoles, no evangelistas. El
concepto occidental de que los misioneros evangelicen un país, y nada más, es
erróneo. Si un creyente trata de sobrevivir de la dieta espiritual que recibe de
un evangelista, él morirá. El evangelista le traerá la salvación y le mantendrá
animado, pero el creyente no sabrá como vivir una vida victoriosa por el Señor.
Debido a la naturaleza del ministerio de un apóstol, especialmente cuando está
abriendo nuevo terreno, hay tiempos cuando él tendrá que funcionar en las cuatro
obras ministeriales faltantes. Pablo, en sus jornadas misioneras, claramente
cumplió los papeles de evangelista, pastor, y maestro. Sabemos que también
profetizó, porque dijo que lo hizo. Aunque no puedo pensar de un ejemplo de esto
en el libro de Hechos; se ve que él se movió de una manera profética, siguiendo
el liderazgo del Espíritu Santo en sus viajes.
Además, ser pionero espiritual no siempre significa ir a una nueva área física y
plantar iglesias. Hay otros tipos de obras pioneras que necesita ser hechas.
Algunas son abrir nueva áreas de revelación y enseñanza. Una obra de un pionero
es plantar una iglesia, y comúnmente esto tiene un impacto más extenso sobre la
Iglesia global.
Pablo no solamente plantó nuevas iglesias, sino que entrenó y "levantó" buevos
líderes para las iglesias donde el Espíritu Santo le envió a ministrar/obrar.
Luego, una vez que salió de aquellas ciudades, él continuó ministrando aquellas
iglesias, y especialmente continuó su liderazgo con las cartas que escribió, y
también en muchos casos, regresó a visitar aquellas mismas iglesias a fin de
fortalecerlas.
Una grande parte del enfoque de un apóstol es sobre los otros dones
ministeriales, y el ministerio a aquellos que están operando en ellos. Esto es
especialmente verdad para aquellos que están en el ministerio pastoral. De la
misma manera que los pastores tienen un corazón por los corderos, los apóstoles
tienen un corazón por los pastores.
En esta capacidad, los apóstoles realmente pastorean a los pastores. Ellos son
aquellos a quienes el pastor debe ir por oración, consejo, instrucción y ayuda
espiritual. Ellos también actúan para corregir, edificar, exhortar y animar a
los pastores.
Una parte de la frustración de los pastores tiene que ver porque no tienen una
cobertura apostólica a quien ellos pueden recurrir. Ellos, los pastores, tratan
de cargar mucha más carga emocional, que aquella que Dios quiere que carguen, y
esto resulta en una constante frustración, estrés y apagamiento. Los pastores
necesitan el descargo emocional y el apoyo de alguien a quien puedan ir con sus
problemas, parecido a como sus congregaciones van a ellos.
En los sistemas actuales del gobierno de la Iglesia, el pastor típicamente rinde
cuentas a un superintendente de distrito, o a la mesa directiva de su propia
iglesia. Si él rinde cuentas a un superintendente, pues en un sentido él está
rindiendo cuentas a un jefe. El pastor no puede ser honesto respecto a sus
problemas, por temor a que el superintendente puede sacarle de su puesto. En vez
de tener un mentor con quien él puede ser honesto y abierto, el pastor tiene que
enmascarar o esconder sus sentimientos, dudas y problemas.
Esto es aun peor en una situación donde el pastor rinde cuentas a la mesa
directiva de su propia iglesia. Además de una inhabilidad de ser honesto, hay un
problema de autoridad. Espiritualmente, él pastor tiene que estar sobre personas
que están sobre él dentro de la misma organización. Esto crea un círculo de
autoridad que impide cualquier verdadera autoridad.
En cualquier de estas circunstancias, el pastor es incapaz de verdaderamente
seguir la guía del Señor, especialmente si el Señor le está dirigiendo predicar
algo que va en contra de los deseos de su liderazgo. Pues él está forzado a
decidir entre obedecer al Señor y obedecer al hombre. Desafortunadamente,
usualmente el hombre gana.
En el libro de Hechos, vemos que los apóstoles que fueron allí, trabajaron
juntos y formaron algo de un concilio, juntos con los ancianos; este concilio
gobernó sobre la Iglesia (Hec 15:6). Cuando unas decisiones tenían que ser
hechos sobre una doctrina, o organización, fueron hechos por este grupo de
apóstoles y ancianos. Vemos esto en el capítulo seis, cuando se dio cuenta de la
necesitad por el puesto de diácono (Hec 6:2-3). Vemos el mismo cuando Pablo y
Barnabé vinieron a Jerusalén para resolver la cuestión respecto a la necesidad
de circuncisión. Entonces los apóstoles y los ancianos se reunieron para
considerar este asunto. (Hec 15:6)
Entonces los doce convocaron a la congregación de los discípulos, y dijeron: No
es conveniente que nosotros descuidemos la palabra de Dios para servir mesas.
Por tanto, hermanos, escoged de entre vosotros siete hombres de buena
reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar
esta tarea. (Hec 6:2-3)
Sin embargo, en ningún lugar en las Escrituras vemos que este concilio
gubernamental tomó una acción disciplinaria sobre un pastor o un ministro. El
concilio no sacó a los pastores de sus puestos, ni les mandó a predicar de una
manera particular. Simplemente fue un recurso disponible a los otros dones
ministeriales.
Una grande parte de este "recurso" fue la cobertura espiritual que los apóstoles
ofrecieron a los otros cuatro dones ministeriales. Mientras que cualquier
creyente tiene el derecho de ir a Dios por sus propias necesidades, siempre ha
existido una estructura de autoridad que Dios estableció.
En la familia, esta estructura de autoridad es a través del hombre, que actúa
como la cabeza de la casa y el sacerdote del hogar. El recibe su autoridad del
mismo Jesús, quién a su vez la recibió de Dios el Padre. él continua este ciclo
pasando esta autoridad a su esposa. Ella funciona bajo la autoridad de su
esposo, y tiene a su marido como un recurso a utilizar si su autoridad es
disputada.
Dentro de la Iglesia, vemos una estructura similar de autoridad. Todo autoridad
fluye "hacia abajo" del trono de Dios. Jesús, como la cabeza de la Iglesia,
recibe su autoridad de su Padre. A su turno, él delega aquella autoridad a los
apóstoles, que la delegan a los pastores principales (obispos) de las varias
congregaciones. Cualquier otro anciano, líder y ministro que hay dentro de
aquellas iglesias, reciben su autoridad de aquel pastor principal.
Al quebrantar este cadena, en cualquier punto, nosotros perdemos la mejor
conexión posible a la autoridad de Dios (autoridad divina). Esto no significa
que los creyentes no pueden recibir la autoridad de Dios sin otros, pero no
tendrán la conexión que Dios ha establecido. Además, hay una fuerte posibilidad
que ellos no tendrán la plenitud de la autoridad de Dios que les es dispuesta.
Hay niveles gubernamentales en las esferas espirituales. Estos se llaman
"principados, potestades, y poderes." Cada uno tiene una esfera diferente de
autoridad, diferente nivel de autoridad, y una manera diferente de funcionar.
Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados,
contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las
huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efe:6:12)
De igual manera, nosotros tenemos diferentes niveles de autoridad en los dones
ministeriales. Aquí es donde uno verdaderamente necesita la autoridad
apostólica. A veces, un pastor es confrontado con diferentes tipos de ataques
espirituales. Sin la cobertura espiritual de un apóstol, él puede estar luchando
contra poderes y potestades con quienes él no está realmente ungido o preparado
para batallar. Con la cobertura apostólica, él puede recibir la unción,
entendimiento y experiencia del apóstol en aquellas batallas. En vez de luchar a
solas, él tiene el apoyo espiritual que necesita.
El rendir cuentas (ser contable) es un gran asunto en la Iglesia, y está
directamente conectado al asunto de autoridad. Alguien que no está correctamente
sometido a autoridad no tiene el derecho de ejercer autoridad sobre otros. Un
evangelista o maestro que no está sometido a un pastor, no tiene el derecho de
ejercer su propia autoridad. Igualmente un pastor que no se somete bajo la
autoridad de un apóstol no tiene derecho de ejercer como pastor. Lo peor de todo
es que los corderos sometidos a un pastor sin autoridad están fuera de la
autoridad celestial.
Por supuesto, surge la cuestión de a quien debe el apóstol someterse. Vemos del
ejemplo bíblico de la iglesia primitiva que los apóstoles se sometieron el uno a
los otros. Cuando Pablo inició su ministerio, él fue a Pedro para confirmar su
ministerio. El voluntariamente se sometió a la autoridad de Pedro (Gal 1:18).
Sin embargo, más adelante vemos que Pedro estuvo equivocado, y Pablo lo corrigió
(Gal 2:11-14). En este caso, Pedro se sometió a Pablo. Ambos fueron hombres
humildes que aceptaron la autoridad de un apóstol a otro en sus vidas.
Otro punto adicional sobre los apóstoles. El enfoque de un pastor es sobre su
congregación. El enfoque de un apóstol es sobre una ciudad, región, o aun el
mundo.
Debido al tipo de ministerio que tiene un apóstol, su ministerio lo llevará a
numerosas situaciones y congregaciones diferentes, y verá lo que funciona bien
en otros lugares, y aprenderá de una base extensa de fuentes. Por esta razón, él
tendrá un enfoque y entendimiento diferente que un pastor. Esta diferencia de
enfoque puede también ser un recurso al pastor. El puede aconsejar el pastor
respecto a problemas dentro de su iglesia, ayudarle, tratar con asuntos en su
liderazgo, y aumentar la eficiencia de lo que hace su congregación.
Hay una necesidad de reestablecer el ministerio profético, y especialmente el
ministerio apostólico en la Iglesia. De hecho esto ya está sucediendo. Solamente
después de que este plenamente funcionando, el Cuerpo de Cristo puede recibir la
plenitud de lo que Dios anhela que su Iglesia tenga.
Si tu iglesia ha estado funcionando sin la plenitud del ministerio de las cinco
obras/dones, yo te animo de buscar ministros que el Señor ha dotado y ungido en
estas áreas. Pide al Señor respecto a cuales entre ellos El desea que entres en
relación, y hagas una relación de pacto con ellos. Recibe de ellos, y permite
que ellos ministren tu vida.
Sin embargo, yo te alerto de ser cuidadoso respecto a quienes te relacionas. El
Nuevo Testamento nos advierte varias veces sobre ambos: profetas falsos y
apóstoles falsos.
Cuidado de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestido de oveja, pero
por dentro son lobos rapaces. (Mat:7:15)
Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de
Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. (1 Ju:4:1)
Porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan
como apóstoles de Cristo. (2 Cor:11:13)
Una verdadera señal de un profeta falso, o apóstol falso, que verdaderamente es
un lobo, es lo que te piden de ti. Jesús no andaba pidiendo que la gente
ofrendara a él; tampoco Pablo. Ellos decidieron hacer lo bueno y ser una
bendición a todos aquellos que vinieron en contacto con ellos. Formaban
relaciones. Dar y ministeriar.
Los lobos tratan de tomar de los corderos;
Los pastores tratan de dar a ellos.
De igual manera los lobos-profetas y lobos-apóstoles tratan de tomar en vez de
dar. La diferencia es que ellos tratan de recibir del pastor, en vez de dar a
él.
La Biblia trata de nuestro Señor y de estar en relación con El. De igual manera,
cuando la Biblia habla de la Iglesia, habla de relaciones mutuas.
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